Paracetamol y Alcohol – Todo lo que debe saber

El paracetamol es un producto farmacológico empleado habitualmente para combatir la fiebre y dolores ocasionales con intensidad leve a moderada.

El común denominador de las personas asume que este medicamento no representa altos riesgos para la salud, al tiempo de que cumple eficientemente su función analgésica por la rapidez con la que actúa en el organismo una vez ingerido.

En este artículo se pretende informar a la población acerca de los riesgos que representaría para su salud el ingerir paracetamol sin supervisión especializada, por tiempo prolongado o combinado con alcohol.

El paracetamol es una droga que se incluye en el grupo de AINEs (antiinflamatorio no esteroideo) que actúa como inhibidor de una enzima que sintetiza las sustancias involucradas en el proceso febril y el dolor. Su poder antiinflamatorio es escaso, sin embargo, su acción antipirética y analgésica lo hacen apropiado para aliviar síntomas como dolor de cabeza, de garganta, los relacionados con el resfriado, la gripe, los malestares generados tras la colocación de vacunas y los dolores dentales, en especial los acarreados por tratamientos odontológicos.

Puede administrarse en niños, jóvenes, adultos – hasta 60 años – y mujeres embarazadas… siempre bajo supervisión del médico tratante, quien es la persona cualificada para determinar la cantidad de medicamento apropiada, la frecuencia de ingestión y el tiempo de duración del tratamiento.

Como el paracetamol se sintetiza en el hígado, este órgano se ve expuesto a sus efectos, pudiendo sensibilizarse durante el período de tratamiento, por lo que el paciente debe informar al médico si está consumiendo otros medicamentos que pudieran generar reacciones adversas al combinarse con el paracetamol.

De igual manera, los pacientes que han iniciado tratamiento con este fármaco. Deben evitar la ingesta de alcohol mientras dura el tratamiento, pues esta combinación es tóxica y puede provocar el deceso del paciente.

En estudios realizados recientemente se afirma que ciertas dosis de alcohol, ingeridas regularmente, son beneficiosas para el corazón en particular, y para el sistema cardiovascular en general. No obstante, enfatizamos que esta afirmación se estima correcta en aquellos casos en los que el paciente goza de buena salud, pero aun así bajo ningún concepto se debe mezclar alcohol con medicinas.

Ademas, todo cambia si el paciente es consumidor habitual de alcohol en cantidades mayores a las estimadas deseables y señaladas como benéficas. En otras palabras: cuando el paciente presenta rasgos de dependencia del alcohol, o alcoholismo, y requiere consumir un analgésico o un antipirético, lo más recomendable es que elija un medicamento distinto del paracetamol, para lo cual es conveniente que consulte con un médico.

Un bebedor social es aquella persona que consume licor – alcohol – cuando se reúne con otras personas a compartir en su tiempo libre, o por razones de otra índole, y suele ingerir entre una y tres bebidas en pocas cantidades. Un consumidor habitual de alcohol es una persona que ingiere tres bebidas alcohólicas de manera sistemática. En el primer caso, el organismo procesa y elimina el alcohol de manera adecuada. En el segundo caso, el organismo suele rebasar sus límites para procesar el alcohol, quedando ciertas cantidades en el cuerpo, que al combinarse con nuevas dosis de alcohol, saturan y afectan el hígado.

En estas condiciones, los riesgos de daño al hígado se multiplican al disminuir los niveles mínimos de antioxidante requeridos en el cuerpo para metabolizar y eliminar las sustancias nocivas residuales del paracetamol. En consecuencia, estos residuos nocivos, combinados con los daños que se han ocasionado al hígado, lo llevan cada vez más cerca del colapso.

Recuerde entonces: Si ingiere alcohol, evite tomar paracetamol. Y si el malestar es mayor, tome paracetamol y suspenda la ingesta alcohólica. Su hígado se lo agradecerá.

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